Algunas reflexiones para acercarse a la felicidad.

Escrito el 08/04/07 por Lorena Suárez

Parece que ser felices es un estado emocional que trata de conseguirse constantemente. Queremos ser felices en todo momento, a todas horas, lo máximo posible... Pensamos en ello, sobre todo, en esos momentos en los que nos sentimos más tristes y cuando necesitamos más dosis de alegrí­a. ¿Me paro a reflexionar por unos instantes, cuando estoy en un momento álgido de bienestar, lo feliz que soy? ¿Pienso, en los momentos más amargos, cuándo fue la última vez que me sentí­ a gusto? ¿Qué cosas hice para lograrlo? ¿Qué cosas hice hacer a otra persona importante en mi vida que me resultó gratificante? ¿Quién fue la última persona que me hizo reí­r? ¿Qué música me relaja?

Luna creciente en Porcí­a

Existen infinitas preguntas relacionada con este tema, responderlas todas es complicado y más en este espacio. Pero para intentar acercarnos un poco más a su posible solución, a continuación, se apuntan algunas claves útiles - al menos - para la reflexión

El miedo

El miedo nos paraliza, nos asusta, nos coacciona... hemos de tener en cuenta, que ciertos niveles de miedo, son beneficiosos, adaptativos, nos permiten estar alerta de posibles peligros. Debemos calibrar cuánta cantidad de miedo es la justa para vivir, sin supeditar nuestro bienestar a la sensación de miedo.

Excepciones

En la búsqueda de las excepciones, debemos entrenarnos para diferenciar los detalles del conjunto, y visualizarlos. Hacer este ejercicio habitualmente puede ser una ardua tarea al principio, que como todas, en el momento en que se automatice, nos permitirá disfrutar más de las cosas pequeñas, grandes, habituales, diarias, cotidianas, excepcionales...

Por ejemplo, aprender a manejar un coche es muy complicado al comienzo, ¿cómo voy a ser yo capaz de mover un pie, y luego otro, y la palanca de cambios, y mirar por los espejos retrovisores, y encima estar pendiente de los peatones y del resto de coches? Con la práctica se convierte en un automatismo que, a algunas personas, incluso le relaja, o les permite disfrutar de una buena música absortas en el paisaje, olvidando el sinfí­n de movimientos coordinados que está poniendo en marcha en cada segundo.

La importancia de los otros

Otra clave de la felicidad, tener a otra persona con quien compartir conocimientos, expectativas, problemas, mimos... la imprescindible presencia de los otros en uno, y de uno en los otros. Yo no soy sin ti (vosotros), y vosotros (tú) no sois sin mí­. Somos seres interconectados, interpersonales, la necesaria e inevitable presencia de los demás. Los necesito para observarles, para aprender. Son necesarios incluso nuestros enemigos porque también de ellos recibimos aprendizajes y nos permiten practicar ciertos sentimientos y maneras de relacionarnos que no podemos poner en práctica con las personas que queremos. Y el saber funciona así­, también es adaptativo. Además, hay que tener en cuenta que las otras personas sólo tienen el poder que nosotras queramos darles.

El aprendizaje

A lo largo de los puntos anteriores, se ha hecho especial hincapié en el proceso de aprendizaje. Es fundamental para apreciar lo que tenemos y para ser conscientes de nuestra capacidad de maniobra y la posibilidad de cambio. Podemos aprender un sinfí­n de reglas de juego, y usar aquella que más beneficios nos aporte en cada partida. Y podemos cambiar la estrategia si resulta demasiado costoso seguir con ella. Eduard Punset, en su libro «El viaje a la felicidad, las nuevas claves cientí­ficas», apunta:

Si en un contexto de juego se alerta a los jugadores de que alguien va a hacer trampa, todos harán trampa sin tener mala conciencia. Es decir, una persona entrenada para pensar que la gente es oportunista y egoí­sta tenderá a comportarse de la misma manera

Jugaremos a lo que mejor nos hayan entrenado, pero tenemos que estar dispuestos a cambiar las técnicas de juego si ello nos perjudica. Además, en función de la estrategia que vayamos a utilizar, veremos la partida con unas gafas de ver que determinarán la interpretación del comportamiento del resto de las personas con las que nos vayamos a relacionar.

Expectativas

Y finalmente, aludiendo de nuevo a Punset, apuntar la importancia de la expectativa como condimento para la felicidad. Como señala dicho autor en el libro antes citado, la felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad. Afirmación que me recuerda al poema de Konstantinos Kavafis «Itaca».

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